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divendres, 18 de gener de 2008

Recientemente ha fallecido el brigadista Milton Wolff, el último comandante del Batallón Lincoln-Washington de las Brigadas Internacionales.


Milton Wolff el último comandante del Batallón Lincoln-Washington y líder carismático de los Veteranos de la Brigada Abraham Lincoln, murió el pasado catorce de enero en Berkeley, California. Tenía 92 años.
Recién salido del instituto durante la época de la Depresión, se enroló en los Civilian Conservation Coros, un proyecto experimental del New Deal de Roosevelt, que llevó a jóvenes desempleados de las ciudades a trabajar en proyectos forestales. Le gustó el trabajo físico y la camaradería que allí encontró y adquirió conocimientos como asistente en primeros auxilios. Por protestar por las condiciones en que estaban (la desidia burocrática llevó a la muerte de uno de sus compañeros) no se le permitió reengancharse. Cuando volvió a Brooklyn encontró un trabajo en una fábrica en Maniatan. Como parte de la actividad social, algunos de sus compañeros se afiliaron a la Liga de Jóvenes Comunistas, Wolff les siguió, encuadrándose en sus filas.
Su conciencia política era rudimentaria, pero cuando la Guerra Civil empezó en España y uno de los organizadores de la Liga de Jóvenes Comunistas preguntó si había voluntarios para unirse a la lucha, Wolff levantó la mano. Su intención era servir como sanitario.
Embarcó para España en marzo de 1937. (Más tarde, recogería sus experiencias como soldado en su libro “Another Hill” (1994). Movido por el entusiasmo de los otros voluntarios cambió su puesto sanitario para servir en una compañía de ametralladoras en el recién formado Batallón Washington, entrando en acción en Brunete en julio de 1937. Un mes después, mandaba una sección de la compañía de ametralladoras en el frente de Aragón, en Belchite y Quinto, y en octubre estaba al mando de las ametralladoras en Fuente de Ebro. En Teruel, en enero de 1938, Wolff era capitán. Dos meses después, cuando un impacto directo destruyó el cuartel general del batallón, Wolff asumió el mando. Condujo a los soldados en retirada, evitando su captura, tras las líneas enemigas hasta lograr cruzar a nado el Ebro. Wolff asumió la responsabilidad de reconstruir el batallón.
Wolf condujo a los Lincolns de vuelta cruzando el Ebro durante el verano de 1938, manteniendo las líneas durante los fuertes combates en la Cota 666 en la Sierra de Pandols, hasta que recibió la orden de traspasar el mando a oficiales españoles, siguiendo las instrucciones del Gobierno, que en 1938 decidió retirar a los combatientes extranjeros. En ese momento Wolff fue ascendido a Comandante.
Después de la guerra participó en actividades de protesta en Nueva York pidiendo ayuda para los españoles confinados en los campos de concentración franceses.
Por su relación en España con el periodista Vincent Sheean, Wolff conoció a William Donovan, elegido por Roosevelt para dirigir el OSS, organismo predecesor de la CIA. Durante la primavera de 1941 Donovan requirió la ayuda de Wolff para reclutar veteranos del Lincoln dispuestos a trabajar para la Inteligencia Británica.
Tras el bombardeo de Pearl Harbor, Wolff envió un telegrama a Roosevelt ofreciendo la cooperación de la Brigada Lincoln en la guerra. Veteranos de la Lincoln participaron en acciones de la OSS que facilitarían victorias americanas en el Norte de África e Italia, así como en el desembarco de Normandía. En 1942 Wolf se alistó en el ejército de Estados Unidos, esperando servir como soldado de infantería y aprovechar su experiencia bélica, pero fue rechazado por una estructura militar que consideraba a los veteranos de la Guerra Civil española como “antifascistas prematuros” y, por tanto, inaceptables para el combate.
Estando en el sur de Francia para una misión secreta, conoció a españoles, miembros de la Resistencia, que planeaban invadir España. Los esfuerzos de Wolff para llevarles ayuda de la OSS acabaron en una rápida repatriación a los Estados Unidos.
Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, siguió con sus actividades políticas, a favor de la democracia en España, contra el franquismo, contra la guerra de Vietnam, por el fin del embargo a Cuba y en una campaña para llevar ambulancias a la Nicaragua sandinista.
A partir de los años ochenta, Wolff realizó frecuentes visitas a España, donde era muy querido y admirado. En 2005, alrededor de 70 años después de haber atravesado a nado las aguas del río, de pié en el trasbordador del Ebro, estuvo un largo momento en silencio. Después evocó a los hombres que habían muerto ahí, a su lado, y arrojó un ramo de claveles rojos al agua.

2 comentaris:

JOAN SOTO (EUIA-CAMP) ha dit...

Segur que t,hi trobas amb el teus camaradas, al "Cel de la Societat sense Classes".
Has estat la viva mostra del "INTERNACIONALISME PROLETARI".

SALUT CAMARADA.

Té la mà Maria - Reus ha dit...

salut camarada i gràcies per ser-hi quan feies falta, el poble català amb gratitut t'honora

salutacions des de Reus