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dijous, 26 d’abril de 2007

Diari de Tarragona, avui: La 'maldición' de Antoni Roig

Enfrentamientos directos, presiones vecinales y políticas, pancartas en los balcones e incluso actos de vandalismo están acompañando la peatonalización desde su inicio, en octubre.
jordi cabré |

La colocación de baldosas en la plaza de La Font se mira con lupa día tras día. Teóricamente debería ser un halo de esperanza entre comerciantes y vecinos, ya que significa que las obras están a pocas semanas de terminarse. Sin embargo, la crispación y las diferencias con el Ayuntamiento siguen siendo las mismas que al inicio y en cada jornada laboral se mantiene la misma tensión que desde el principio.

Los concejales Ramon Ripoll y Montse Gassull, Urbanismo y Obra Pública respectivamente, admitieron ayer que la peatonalización de la calle Antoni Roig y plaza de La Font se está convirtiendo en un calvario y justificaron parte del retraso y «errores» a situaciones inesperadas tales como «presiones vecinales y políticas para acelerar la finalización o actos de puro vandalismo contra el material de la propia empresa».

Ripoll y Gassull no quisieron dar nombres, ya que no hay pruebas definitivas. Sin embargo, sí es cierto que algunos vecinos afectados y la asociación de vecinos del Centre Històric admiten que han oído o escuchado diferentes gamberradas efectuadas en la zona de obras. «Son actos vandálicos como los que puede haber en otra ciudad y dudo mucho que el vecindario afectado se dedicara a boicotear a la empresa», explicaba ayer la vicepresidenta de la entidad, Rosalia Papiol.

Juan Morillo, cocinero del bar Cal Tià, uno de los muchos locales comerciales afectados por las obras, admitía que «he oído cosas al respecto, tales como que se habían llevado las pasarelas de madera colocadas para evitar pisar el cemento fresco». Incluso Gassull explicó que «se han derribado las vallas para que pudieran pasar coches a pesar de la prohibición y además se ha quemado la tela que las cubría». También confirmó este extremo la representante vecinal de la zona.

Con todo, el Ayuntamiento de Torredembarra no ha querido hurgar en la herida y «no hemos denunciado nada porque es una obra privada en suelo público y si alguien debe ir a la Justicia, es la empresa adjudicataria», dice Ripoll.

Aunque la pelota está en el tejado de la empresa, el Diari intentó durante el día de ayer obtener su versión -Cisteró SA-, pero la firma alegó que las personas que conocían el tema estaban ausentes. Todo parece indicar que no existe ninguna denuncia por falta de pruebas.

La calle Antoni Roig ya tiene puestas todas las baldosas. Sin embargo, para que éstas queden bien debían tener unas horas de reposo, que no tuvieron, según los concejales. Este extremo hace reír a Papiol, quien apunta que «sólo un coche tocó medio metro de las baldosas. El resto no las ha tocado nadie. Lo que pasa es que las colocaron mal desde el principio».

Los 205 inmuebles afectados por las contribuciones especiales ya han abonado una cuarta parte, una cantidad que según las promesas del alcalde, Manel Jiménez, no deberá ampliarse mucho más si se cumplen las subvenciones y ayudas previstas. «De momento, sólo sabemos lo que hemos pagado y el resto está por venir», avisa Rosalia Papiol, quien admite que «queremos que se terminen las obras, pero que se haga bien todo porque tenemos dudas incluso que los servicios subterráneos estén bien acabados».

Los dos concejales torrenses no ponen en duda la profesionalidad de la empresa, «que asumirá el desvío presupuestario que causen los arreglos», dicen.

Ayer, un miércoles cualquiera, la fotografía de la calle Antoni Roig y la plaza de La Font era la de una zona apagada, en obras. Muy lejos del bullicioso eje comercial de hace seis meses. Algunos comerciantes, que prefieren mantenerse en el anonimato, admiten que «las ventas esperadas en Semana Santa se han ido al garete y todavía estamos en una situación precaria».

Las tiendas estaban vacías y en los balcones el aumento de pancartas mostrando el rechazo era palpable. Incluso un lazo naranja quiere simbolizar este malestar general en Antoni Roig.